Gestión Milei: la industria ya concentra más del 95% de los despidos

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Foto: Télam

El último informe de coyuntura elaborado por el Observatorio de Industriales Pymes Argentinos (IPA) expone con crudeza dónde se está concentrando el impacto de las políticas económicas del Gobierno nacional: la industria manufacturera. 

Durante febrero, de los 7.593 empleos formales que se perdieron en todo el país, 7.336 correspondieron al sector fabril. En otras palabras, casi la totalidad de los despidos -un 97%- se produjeron en las fábricas.

Para el presidente de IPA, Daniel Rosato, este escenario no responde a una dinámica coyuntural sino a una transformación más profunda del esquema productivo. Según su diagnóstico, la Argentina está abandonando un modelo basado en el empleo y el desarrollo industrial para orientarse hacia una matriz primarizada y extractiva, donde pocos sectores exportadores concentran la estabilidad mientras el resto del entramado productivo queda relegado.

En ese contexto, incluso las pequeñas y medianas industrias -históricamente las más reacias a reducir personal por la inversión que implica formar trabajadores- comenzaron a ceder. La resistencia llegó a su límite. El dato es contundente: en el último año cerraron 11.000 empresas, de las cuales cerca de 2.000 eran fábricas. “La industria aguanta hasta el final, pero ese final ya llegó”, sintetizó Rosato.

El impacto acumulado desde diciembre de 2023 refuerza esta tendencia: el sector industrial ya perdió 79.672 puestos de trabajo registrados, reflejando un retroceso sostenido del núcleo productivo nacional.

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El informe también identifica uno de los mecanismos centrales detrás de esta crisis, al que define como “efecto pinza”. Mientras los costos internos continúan en alza por la inflación -tarifas, salarios e insumos-, el tipo de cambio se mantiene relativamente estable, encareciendo la producción local en términos internacionales y favoreciendo el ingreso de bienes importados.

Bajo esta lógica, incluso los indicadores positivos esconden señales de alarma. El superávit comercial de marzo, que alcanzó los USD 2.523 millones, es interpretado por IPA como un resultado de la recesión más que del dinamismo exportador. La caída del 10% en las importaciones de bienes de capital y componentes industriales evidencia un freno en la inversión productiva, más que un fortalecimiento de la economía.

La contracara de este proceso se refleja en el mercado interno. El consumo continúa en retroceso -con una baja interanual del 3,1% en febrero- y cada vez más hogares recurren al endeudamiento para sostener gastos básicos: seis de cada diez compras en supermercados se realizan con tarjeta de crédito.

Este entramado genera, según IPA, un efecto dominó sobre toda la cadena económica. La ruptura de los circuitos de pago y la caída de la actividad impactan en industrias, comercios y servicios vinculados, acelerando cierres y profundizando la crisis.

La advertencia final del informe es estructural: sin una base industrial que absorba empleo, más del 75% de la fuerza laboral podría quedar fuera del trabajo registrado. En ese escenario, sostienen, no hay sectores alternativos capaces de reemplazar esa demanda.


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